Lo que más me preocupa del futuro es que seguiremos muriendo de células malignas que nadie quiere nombrar: la indiferencia como tumor, la hiperestimulación como metástasis y la pérdida de lo sagrado en lo cotidiano. El cáncer no solo está en los cuerpos; ha infectado el tejido social. Nos matan los excesos, pero también los vacíos: relaciones sin raíces, palabras sin verdad, una sociedad que glorifica el “like” pero olvida el AMOR. Yo sobreviví al cáncer físico, y es el dolor lo que me acompañó a crecer…
¿sobreviviremos como humanidad al que nos devora por dentro?
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