Elegía del Umbral

Necro-política en la Era de la Conciencia APLAZADA

Voces en Tintas:

Ensayo crítico sobre la complicidad contemporánea ante el genocidio infantil:


I. Preludio para una masacre en tiempo real


II. Anatomía de la indiferencia calculada

El filósofo Günther Anders diagnosticó nuestra «ceguera ante lo apocalíptico», pero ni él anticipó que llegaríamos a monetizarla. Cada minuto que dedicamos a debatir si un exterminio es «limpieza étnica» o «operación antiterrorista», el lenguaje se convierte en cómplice. Mientras:

Esta no es solo hipocresía: es tecnocracia thanática, donde la muerte se administra con la frialdad de un informe trimestral. El sociólogo Zygmunt Bauman lo advirtió: «El mal ya no necesita fanáticos, solo burócratas con buenos argumentos».


III. La domesticación del horror










IV. La pregunta que nos persigue


V. Epílogo para los que quedan

No escribo esto para conmover (la conmoción es efímera), sino para dejar constancia de nuestra complicidad histórica. Como los romanos que veían caer a los cristianos en el Coliseo mientras mascaban aceitunas, nosotros hojeamos genocidios entre notificaciones.

Quizás la única esperanza —amarga, ínfima— sea que este texto le resulte intolerable a alguien. Que esa persona deje de leer aquí mismo, arroje el dispositivo contra el muro y salga a gritar. Sería un principio.

Porque cuando el futuro juzgue esta época, no recordará a los verdugos (siempre los hay), sino a los ocho mil millones que miramos hacia otro lado mientras la sangre seca de los niños se convertía en el cimiento de nuestro silencio.


Posdata necesaria:
«Lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia. Lo contrario de la vida no es la muerte, sino la neutralidad ante ella» (Elie Wiesel, sobreviviente de Auschwitz).