Necro-política en la Era de la Conciencia APLAZADA
Voces en Tintas:
Ensayo crítico sobre la complicidad contemporánea ante el genocidio infantil:
I. Preludio para una masacre en tiempo real
El siglo XXI no amaneció: se arrastró sobre los cadáveres de niños cuyos nombres nunca aprenderemos a pronunciar. Mientras usted lee estas líneas, algún Estado-nación —armado hasta los dientes con retórica geopolítica y misiles de precisión— está calculando el costo-beneficio de bombardear una escuela. No es hipérbole: es el modus operandi de la necropolítica moderna, donde la muerte no es efecto colateral sino instrumento de gobierno. Los niños ya no mueren a pesar de la civilización, sino por obra de su maquinaria más refinada.
Aquí yace nuestra vergüenza ontológica: haber creado tribunales internacionales que investigan crímenes de guerra, mientras normalizamos la visión diaria de infantes desmembrados en streaming de alta definición. Como escribió Paul Celan tras el Holocausto: «La muerte es un maestro de Alemania». Hoy podríamos parafrasearlo: «El genocidio es un influencer global».

II. Anatomía de la indiferencia calculada
El filósofo Günther Anders diagnosticó nuestra «ceguera ante lo apocalíptico», pero ni él anticipó que llegaríamos a monetizarla. Cada minuto que dedicamos a debatir si un exterminio es «limpieza étnica» o «operación antiterrorista», el lenguaje se convierte en cómplice. Mientras:
- Los algoritmos clasifican imágenes de cadáveres infantiles como «contenido sensible» (pero no lo suficiente para detener el flujo de publicidad en esas plataformas).
- Las cancillerías emiten «profundas preocupaciones» redactadas en papel con membrete y sangría perfecta.
- La industria armamentística celebra récords bursátiles cuando estalla un nuevo conflicto (el Stoxx Europe 600 Defense subió un 18% tras la última escalada genocida, 2024).
Esta no es solo hipocresía: es tecnocracia thanática, donde la muerte se administra con la frialdad de un informe trimestral. El sociólogo Zygmunt Bauman lo advirtió: «El mal ya no necesita fanáticos, solo burócratas con buenos argumentos».
III. La domesticación del horror
Hemos desarrollado un sistema inmunológico moral capaz de neutralizar cualquier estímulo de conciencia:
- Eufemización: No son niños asesinados, son «daños colaterales».
- Cosificación numérica: «247 menores fallecidos» suena menos culpable que «247 futuros obliterados».
- Dilación temporal: «Historiaremos los crímenes después» (cuando las fosas estén frías y los testigos, muertos).
- Pornografía del dolor: Consumimos el sufrimiento en formato reel, con pausa para likes.
El poeta Adonis escribió: «Los árabes aprendieron a matar niños antes que a volar». Hoy todas las civilizaciones dominantes han superado ese examen.
IV. La pregunta que nos persigue
¿Qué clase de especie construye hospitales pediátricos con una mano y con la otra fabrica las bombas que los reducirán a cráteres? El antropólogo Claude Lévi-Strauss creía que «el siglo XXI sería espiritual o no sería». Se equivocó: somos la primera civilización que logró espiritualizar su propia barbarie. Rezamos en templos de consumo mientras niños mueren por balas pagadas con nuestros impuestos.
V. Epílogo para los que quedan
No escribo esto para conmover (la conmoción es efímera), sino para dejar constancia de nuestra complicidad histórica. Como los romanos que veían caer a los cristianos en el Coliseo mientras mascaban aceitunas, nosotros hojeamos genocidios entre notificaciones.
Quizás la única esperanza —amarga, ínfima— sea que este texto le resulte intolerable a alguien. Que esa persona deje de leer aquí mismo, arroje el dispositivo contra el muro y salga a gritar. Sería un principio.
Porque cuando el futuro juzgue esta época, no recordará a los verdugos (siempre los hay), sino a los ocho mil millones que miramos hacia otro lado mientras la sangre seca de los niños se convertía en el cimiento de nuestro silencio.
Posdata necesaria:
«Lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia. Lo contrario de la vida no es la muerte, sino la neutralidad ante ella» (Elie Wiesel, sobreviviente de Auschwitz).



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